El garrafón

Hoy por segunda vez en la vida puse el garrafón. Antes de la primera, francamente no sabía que podía. Siempre he sido debilucha físicamente. Sólo cargar el garrafón me dejaba temblorosa y me daba dolor en los conejitos al día siguiente. Además de que afortunadamente en mi casa el agua siempre ha sido potable, así que nada más bebo agua de garrafón en la oficina.

En esta oficina me topé con que seguido se queda sin garrafón la máquina. Ha habido días en que nadie bebe agua durante toda la jornada porque nadie quiere ponerlo. Las mujeres salen con que “ya no hay caballeros” y que los hombres deberían ponerlo. Los hombres huyen de esa responsabilidad por simple flojera, a menos que alguien les insulte “la hombría”, en cuyo caso dicen “yo siempre lo cambio” (cosa que no es cierto, porque todos lo dicen).

La mayoría de estas mujeres están convencidas de que se necesita tener testículos para cargar un garrafón y ponerlo. Están seguras de que no tienen la fuerza física para hacerlo. Yo también lo estaba, pero suena más extraño viniendo de mujeres que son madres y han cargado a sus hijos de hasta más de veinte kilos cuando se quedan dormidos en el carro y los tienen que llevar a la cama. Tal vez es un prejuicio que tengo, que las mamás son más fuertes, y es igual que el que ellas tienen de que las mujeres somos más débiles. Además, las dos o tres mujeres que saben que sí pueden poner el garrafón salen con el “que lo hagan ellos, para eso están los hombres, no me corresponde.”

Lo cierto es que si nunca intentas poner el garrafón, no vas a saber si puedes o no ponerlo. Sí quedé temblorosa (sí soy débil físicamente), pero lo puse y tuve agua caliente para mi café y agua fresca para beber el resto del día. Y así como tú dices “no me corresponde”, lo están diciendo todos los demás. Seas hombre, mujer o quimera, si vas por agua y no hay garrafón, ¿qué te cuesta ponerlo?

En el inicio, todo es confuso

He estado leyendo un blog de consejos. El más importante es documentar, documentar, documentar.

Esta oficina tiene tantos chismes de tantas personas, que es imposible saber en quién confiar, pero posiblemente la respuesta sea: en nadie. Así que decidí documentar. Nadie tiene nombre de color, obviamente.

Ayer estuve indispuesta. Mi jefa Coral, que es la Jefa2 me permitió ir al médico pero con la oportunidad de quedarme en casa a descansar. Oí a mi Jefa3, Marrón, burlarse de lo mal que yo me sentía. No me sentí cómoda tomando el día, así que regresé a la oficina y me encontré con que un documento que debía ser presentado ayer hubiera sido ignorado si yo no hubiera regresado. Simples accidentes oficiniles. Pero lo de que me sentí mal y me fui al médico se regó como pólvora. Hubo quienes parecían genuinamente preocupados, hubo quienes parecían solamente querer el chisme y hubo quienes aprovecharon la plática para contarme “secretos.”

Celeste, que es amiga de Jefa1 (Púrpura, que ha estado fuera de la oficina como dos meses) me llamó a su oficina, me dijo que Púrpura le había preguntado por mí y le había dicho que estuviera al pendiente de mí. Celeste le dijo que Coral no me permite acercarme a ella, y tiene algo de razón. Celeste no parece ser muy eficiente para realizar su trabajo y está la mayoría del tiempo tratando de que lo hagan otras personas. No tiene jerarquía sobre mí, pero invocando su amistad con Púrpura, intentó echarme sus responsabilidades hace un par de meses. Coral me prohibió ayudarla desde entonces, y lo que he intentado hacer es guiarla con el software. Celeste intenta que yo haga toda su chamba en vez de solamente decirle cómo manejar el software.

Rosa me preguntó qué fue del documento. Le dije que lo presentó Mostaza. Me dijo que ella no confía en Mostaza, que tiene 15 años de trabajar con él y no le tiene nada de confianza. Rosa solía encargarse de entregar cheques y recibos de nómina y ahora Celeste le quitó la responsabilidad y se la pasó a Mostaza. Rosa además sale de la oficia con frecuencia y Púrpura, que es la mera jefa de todos, ya se dio cuenta y no parece agradarle. Rosa culpa a Celeste del hecho de que Púrpura esté molesta con sus ausencias. Igualmente cree que Celeste no la considera confiable y cree que por eso le quitaron lo de las nóminas. Además me dijo que Siena es la persona menos confiable de toda la oficina (esto me lo dijo sin que yo le diera pie, de la nada). Me contó que Coral también le prohibió a Siena el ayudarle a Celeste y que Siena inmediatamente le dijo a Celeste, para poder negarse a ayudarle con mayor libertad.

Además Bermellón me contó que Marrón tiene entre sus objetivos lograr que yo renuncie o que me despidan. No sé si Bermellón está siendo honesta o porqué Marrón me quiere fuera de aquí, si soy buen elemento.

Y así empiezan las Crónicas de una Oficina Normal.